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jueves, 6 de diciembre de 2018

Los oscuros recuerdos de la Segunda Guerra Mundial de los "Kriegskinder", los niños de la Alemania nazi

niños de la Alemania nazi

Gisela
Image captionGisela nació en 1939. (Foto: F. H.)
"El cadáver de una mujer flotaba en el agua boca abajo. Su falda se había inflado como un globo, el viento se metía dentro y la hacía navegar por el estanque".
Es lo que recuerda Brigitte de un día en el que, siendo niña, visitó un pequeño estanque de Berlín.
Ella es una kriegskinder, una "niña de la guerra" de la Alemania nazi que nació en 1937, poco antes del inicio de Segunda Guerra Mundial, en Dortmund, una ciudad del estado federado de Renania del Norte-Westfalia.
Sus recuerdos, como los del resto de los "kriegskinder", conservan el color desgastado de la infancia: nos llegan fragmentados y sin resolución. Y nos llevan de inmediato al lugar en el que fueron registrados.
Algunos de esos recuerdos los ha recogido la escritora Alexandra Senftt, junto a las imágenes actuales de los protagonistas captadas por la fotógrafa Frederike Helwig, en su libro Kriegskinder: Portraits of a Forgotten Generation ("Niños de la guerra": retratos de una generación olvidada"), editado por Anne Waak y publicado en diciembre del año pasado.
Entre ellos hay historias nunca antes contadas, vistas a través de la mirada de un niño.
Brigitte en la actualidad
Image captionBrigitte nació en 1937 en Dortmund, una ciudad del estado federado de Renania del Norte-Westfalia. (Foto: Frederike Helwig)
Así, rebosan de detalles que se suelen escapar al intelecto —la punta aún encendida de un cigarrillo, el ruido de piedras tiradas a la boca de un hombre muerto, dos plantas de tomate en el balcón de una casa que ha sido destruida— y que ofrecen una perspectiva diferente de un tema abordado ya por los historiadores.

Piedras en la boca de un muerto

"Mi acercamiento a este tema fue por el lado emocional, no a través de la historia ni las estadísticas, los números, lo que hicieron y cómo lo hicieron, algo con lo que todos crecimos y conocemos", dice Helwuig a la BBC.
"El problema con eso es que los responsables siempre son 'los otros'. Nosotros estamos intentando establecer que esto sucedió en la mayoría de familias alemanas... pero ¿cómo pudo ser?".
Uno de los que relataron sus recuerdos para el libro, Niklas Frank, tuvo que enfrentarse a esa realidad más que el resto.
Nació en 1939, hijo de Hans Frank, el gobernador general de Polonia durante la ocupación nazi.
Niklas
Image captionNiklas, nacido en 1939, escribió un libro sobre su padre, Hans Frank, el gobernador general nazi de Polonia. Lo llamó: "Bajo la sombra del Reich". (Foto: F. H.)
Viajó por Europa con el abogado especializado en derechos humanos Philippe Sands como parte del alabado documental "Mi legado Nazi: lo que hicieron nuestros padres".
En su relato para Kriegskinder recuerda un viaje para hacer compras que hizo con su madre y su niñera.
"Estábamos manejando por el gueto de Cracovia — uno de los cinco grandes guetos creados por los nazis en el Gobierno General, durante su ocupación de Polonia en la Segunda Guerra Mundial— donde mi madre compraba sus prendas de piel y bufandas al precio que ella decidía", narra.
"Estaba de pie detrás del Mercedes con mi niñera Hilde sentada a mi lado y mi madre en el asiento delantero junto al conductor. Yo llevaba puesto un traje blanco y negro con un diseño de pata de gallo", prosigue con detalle.
"La gente miraba con tristeza. Le saqué la lengua a un muchacho mayor. Se dio la vuelta, se fue caminando y sentí que yo había ganado. Me reí victoriosamente, pero Hidle me hizo volver a mi asiento silenciosamente".
Pese a que describe un encuentro juvenil, es un recuerdo perturbador.
"La mayoría de los testimonios de primera mano incluidos en el libro son bastante anecdóticos", afirma Helwig.
"Lo que cuentan es interesante. Y lo que no, también".
Werner tomando desayuno en la actualidad.
Image captionWerner nació en 1936. (Foto: F. H.)
Muchos describen la muerte de la única manera en la que pudieron entenderla de niños.
"Un día había un hombre ahorcado frente a nuestra casa en Berlín. Un alemán. Había intentado esconderse de la guerra en un edificio en ruinas y lo ahorcaron del poste de luz", cuenta por ejemplo Werner.
"Una vez muerto, lo soltaron. Estuvo tirado durante días con la boca abierta y nosotros, como niños, lanzábamos piedras adentro", sigue su relato.
"Posteriormente se lo llevaron y lo enterraron al lado del pavimento. Como no puede haber cadáveres tirados en la calle, llegaron camiones, excavaron para sacarlo a él y a otros y los metieron en los camiones. Nosotros, como niños, lo observamos", continúa.
"Luego tuvimos que irnos a almorzar. Había crema de maíz para comer pero yo sólo podía pensar en los cadáveres con sus ropas hechas harapos y los huesos salidos y me enfermaba".

"Un acto lleno de ambivalencia"

Los kriegskinder recuerdan a través de los sentidos, a través de los sabores, sonidos u olores.
"Hasta hoy, muchos recuerdan los refugios antiaéreos, el miedo de los adultos que les rodeaban, los muertos y los heridos, los ahorcados y los suicidas, las viviendas bombardeadas y los juegos entre los escombros", escribe en el libro Alexandra Senfft.
Wolf-Dieter
Image captionWolf-Dieter, nacido en 1941. (Foto: F. H.)
Su bisabuelo fue un criminal de guerra nazi, lo que la llevó a escribir "La larga sombra del pasado: los descendientes se enfrentan a su historia familiar nazi", el prólogo de Kriegskinder.
"Ya sea de forma clara o borrosa, muchos conservan imágenes de vuelos y de 'los rusos'; aún sienten el hambre y saborean el chocolate que les dieron los soldados estadounidenses".
Leer estas memorias conlleva acercarse a un entendimiento: al verlos como niños, incluso cuando en las fotos nos encontramos con personas mayores, reconocemos su ambigüedad.
"Reconocer que tu padre o madre fue responsable y reconciliar esto con el amor que sienten por ellos es un acto lleno de ambivalencia y tensiones insoportables", escribe Senfft.
A menudo, el crimen escondido pesa tanto en la mente los descendientes que apenas pueden procesarlo: ¿Cómo puede un padre querido y amoroso haber sido al mismo tiempo un asesino?
"Una minoría consigue diferenciar entre quien cometió el crimen y el padre amado e integrarlos para que cada uno termine de pie al lado del otro. Pero la mayoría niega lo mal hecho o rompe relaciones con sus progenitores".
Pese a que ya ha pasado una generación desde la Segunda Guerra Mundial, lo que sucedió pervive en las dinámicas de las familias.
Horst
Image captionHorst nació en 1941. (Foto: F. H.)
"Lo que los kriegskinder no aceptaron nos lo pasaron a los bisnietos", escribe Senfft.
"Los psicólogos han descubierto que muchos bisnietos internalizaron la experiencia de sus bisabuelos incluso en los casos en los que nunca se habló de la era nazi. Así que los bisnietos muchas veces poseen la memoria familiar sin haber experimentado los eventos ellos mismos".

En busca de oyentes

De eso se dio cuenta Helwig cuando ella misma tuvo hijos.
"Fue necesario que yo me convirtiera en madre para poder realmente empatizar con mis padres por haber sido testigos de la Segunda Guerra Mundial con cinco y seis años", confiesa.
"La idea de este libro me surgió mientras hablaba con mis amigos y les preguntaba cómo íbamos a enseñar a nuestros niños esta etapa de la historia y cómo los mantendríamos interesados en ella… O cómo les íbamos a enseñar la responsabilidad que viene con ella", recuerda.
"A través de esas conversaciones con mis amigos me di cuenta de que nuestros padres eran probablemente un poco raros en algunas ocasiones y que tenían estos patrones de comportamiento que nos demuestran que crecieron durante la guerra. De esto surgió un diálogo completamente nuevo para nosotros".
Este era su verdadero objetivo: iniciar una conversación.
Anneliese sentada en una biblioteca
Image captionAnneliese nació en 1938.
"Cada alemán sabe del Holocausto, nos educaron en este tema, se ha documentado mucho, pero en realidad lo que no se ha discutido demasiado en las familias alemanas es qué hizo el abuelo o qué pasó exactamente. Pareciera que todavía hay un tabú en cuanto a esto".
El motivo no es necesariamente que los kriegskinder quieran guardar silencio.
"Esa generación se encuentra ahora en un momento en el que han cargado con esto durante mucho tiempo y mucha de la gente que entrevistamos de hecho fue bastante abierta sobre este tema, pero nos decían que había poca gente interesada en lo que querían contar".
Helwig espera que su recopilación de infancias durante la Alemania nazi, con los retratos de una generación cuyos recuerdos pronto desaparecerán, ayude a cambiar eso.
Hannelore
Image captionHannelore nació en 1936. (Foto: F. H.)
"Hay un proceso emocional en marcha y puede que a través de este, con suerte, surja la curiosidad y se hagan más preguntas para tener conversaciones francas que permitan acceder a esa época", dice la fotógrafa.
"No se trata de victimizar a esta generación, es importante intentar animar a las generaciones a empezar a hablar entre ellas".
El libro termina con una cita del psicólogo israelí Dan Bar-On: "Los conflictos violentos crean zonas de silencio en una sociedad. Los actos y la responsabilidad de los infractores se esconden. Y con ellos, el sufrimiento de las víctimas, el rol de los espectadores… El silencio pasa con frecuencia a la siguiente generación".
Renée al lado de un árbol
Image captionRenée, nacida en 1937. (Foto: F. H.)
A continuación, dos relatos completos incluidos en el libro.
"Ya van varios días con gente pasando por nuestra calle. Cuando escuchamos en la radio que Silesia debe ser evacuada, nos unimos a la multitud que se dirige hacia el Este. Cada noche, cuando oscurece, la calle debe quedar vacía y todos deben buscar dónde dormir.
Una noche, encontramos refugio donde una mujer mayor que tiene muchos gatos. Estamos sentados con ella durante la cena cuando los animales comienzan a saltar salvajemente sobre la mesa y las sillas.
A mi abuela no le gustan los gatos así que está en shock. Pero la mujer nos obliga a salir del apartamento y meternos en una mina vieja.
Se desata el pánico cuando se encienden las sirenas que avisan de ataques aéreos. Más y más gente empieza a empujar para entrar a la mina. Algunos se caen y mueren pisoteados.
Los gatos nos lo advirtieron y nos salvaron".
Peter
Image captionPeter, nacido en 1941. (Foto: F. H.)
"Cuando llegan los rusos, nuestra chica, Lisbeth, se sube a una caja llena de fotos de Hitler. Todos los cristales se rompen.
Mi madre se sienta con nosotros, los niños, en un foso de arena que hay en un área de juegos porque cree que así no le pasará nada.
Cuando un soldado sale del sótano, le agarra el pantalón y le grita: 'Maldito ruso, deja en paz a mi Lisbeth!' A mí no me hace nada".
"Oímos un tremendo ruido que viene desde la residencia de enfrente, así que mi abuela se dirige hacia allí con determinación.
Allá, una madre y una hija yacen sobre la cama desnudas, violadas y con la garganta cortada.
Mi abuela le grita al ruso borracho hasta que se va. Mi madre, que es médico, declara a ambas mujeres muertas y las entierra en el jardín".

LA DIFÍCIL SITUACIÓN DE LOS NIÑOS JUDÍOS



Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, aproximadamente 1,6 millones de niños judíos vivían en los territorios que los ejércitos alemanes o sus aliados iban a ocupar. Cuando la guerra terminó en mayo de 1945, más de 1 millón y quizás hasta 1,5 millones de niños habían muerto, como víctimas del calculado programa de genocidio nazi. Como escribió el historiador del ghetto de Varsovia Emanuel Ringelblum en 1942, “aun en los tiempos más brutales, brilló una llama de humanidad en el corazón más cruel, y perdonaron a los niños. Pero la crueldad hitleriana es diferente. Es capaz de devorar a nuestros seres más queridos, a aquellos que hacen surgir la mayor compasión: los niños inocentes”.

La liberación de la tiranía nazi no terminó con el sufrimiento de los pocos niños judíos que sobrevivieron al Holocausto. Muchos de ellos debieron enfrentar un futuro sin padres, abuelos o hermanos.

Persecución 
La persecución nazi de los judíos comenzó en Alemania en 1933. En 1939, se había privado sistemáticamente a los judíos del país de sus derechos civiles y su propiedad, y se los había aislado de la comunidad nacional. Las conquistas alemanas en Europa después de 1939 provocaron la implementación de políticas antisemitas en los territorios ocupados. Si bien el ritmo y la severidad de la persecución fueron distintos en cada país, a los judíos se los diferenció, denigró y segregó de sus vecinos.

En Europa oriental, los nazis generalmente aislaron a los judíos en ghettos, a menudo establecidos en las secciones más desoladas de una ciudad. En Europa occidental, los campos de internamiento, muchos de los cuales se habían establecido antes para albergar a refugiados y extranjeros enemigos, funcionaban como centros de detención para los judíos. Dichas políticas de aislamiento ayudaron a los nazis cuando comenzaron los fusilamientos masivos y las deportaciones a los centros de exterminio.

Muerte 
En 1941, Hitler tomó la decisión de implementar el asesinato sistemático y en masa de los judíos. Los equipos móviles de matanza siguieron al ejército alemán a la Unión Soviética en junio de 1941, y a fines de ese año, asesinaron a casi un millón de hombres, mujeres y niños judíos. En diciembre, el centro de exterminio de Chelmno inició sus operaciones. Durante 1942, los nazis establecieron otros cinco campos de la muerte para llevar a cabo el gaseo de los judíos de Europa.

A todos los judíos los perseguían para matarlos, pero la tasa de mortalidad de los niños era especialmente alta. Solo del 6 al 11% de la población de niños judíos de Europa antes de la guerra sobrevivió en comparación con el 33% de los adultos. A los jóvenes generalmente no los elegían para realizar trabajos forzados, y los nazis a menudo realizaban “acciones de niños” con el fin de reducir la cantidad de “bocas inútiles” en los ghettos. En los campos, a los niños, los ancianos y las mujeres embarazadas se los enviaba rutinariamente a las cámaras de gas inmediatamente después de su llegada.

Liberación 
Después de la derrota de la Alemania nazi, el mundo entero descubrió el sorprendente saldo de víctimas humanas que dejó el Holocausto. Muy pocos niños judíos sobrevivieron. En los centros de exterminio y los campos de concentración de Europa, los experimentos médicos, las enfermedades, el maltrato y el asesinato sistemático se cobraron muchas vidas. De los aproximadamente 216.000 jóvenes judíos deportados a Auschwitz, solo 6.700 adolescentes fueron elegidos para realizar trabajos forzados; casi todos los demás fueron enviados directamente a las cámaras de gas. Cuando liberaron el campo el 27 de enero de 1945, las tropas soviéticas encontraron solo 451 niños judíos entre los 9.000 prisioneros sobrevivientes.

Poco después de la liberación, las agencias judías de toda Europa comenzaron a localizar a los sobrevivientes y medir las bajas comunitarias. En los Países Bajos, sobrevivieron unos 9.000 niños judíos. Del casi millón de niños judíos que había en Polonia en 1939, solo sobrevivieron alrededor de 5.000. La mayoría de ellos sobrevivieron en la clandestinidad.

La mujer en la Primera Guerra Mundial ¿Un nuevo camino hacia la igualdad?

Las mujeres en la Primera Guerra Mundial
8 de septiembre de 2014
La Primera Guerra Mundial supuso un avance en la incorporación de la mujer al mercado.
Hasta ese momento había estado relegada a tareas domésticas o acompañar a su marido en los distintos actos sociales. Incluso durante el auge de la Revolución Industrial la mujer quedó relegada al cuidado de los hijos y sólo algunas – en la mayoría de los casos solteras –consiguieron entrar en el proceso productivo, pero siempre relegadas y con salarios inferiores al de los hombres.
La guerra supuso un cambio: por un lado, el reclutamiento de gran parte de la población masculina para acudir al frente, y, por otro, las necesidades industriales derivadas del conflicto bélico, atrajeron a las mujeres al campo laboral.  
La Primera Guerra Mundial crea nuevos papeles para la mujer asumiendo trabajos y responsabilidades en los que antes habían estado excluidas: así, por ejemplo, las féminas que trabajaban en el sector bancario creció de unas iniciales 9.500 a casi  64.000.
La incorporación de la mujer al mercado laboral alcanza unas cifras nunca vistas hasta el momento. Además, asumen trabajos tan dispares como como deshollinadoras, conductoras de camiones u obreras en la industria armamentística. Así entre Francia y Gran Bretaña más de un millón y medio de mujeres trabajaron en fábricas de armamento; mientras en Alemania el 38% de la fábrica bélica Krupp estaba compuesto  por mujeres en 1918.
Uno de los hándicaps que se encontraron las mujeres fue lógicamente la resistencia de los hombres que permanecían en las fábricas. Éstos no aceptaban de buen grado que las mujeres pudieran desempeñar con la misma efectividad algunos de sus puestos laborales. Otra preocupación que tenían es si la disminución del salario con las mujeres podía finalmente perjudicarles. Son, sin embargo, las mujeres las primeras que se movilizan pidiendo una igualación salarial por ley para evitar esta discriminación.
El gobierno francés fue de los primeros que abordó el tema: así en 1915 establece un salario mínimo para las mujeres que trabajaban en la industria textil cosiendo una ingente cantidad de uniformes militares. Posteriormente en 1917 decreta que hombres y mujeres ganen lo mismo por pieza trabajada. Aun así, pese a la intervención gubernamental, al final de la guerra la desigualdad sigue existiendo.
El final de la guerra pudo parecer un final a este proceso: la sensación de temporalidad de las mujeres en el puesto de trabajo persistía, el regreso de los hombres del frente supuso su reincorporación al mercado laboral y el desplazamiento de las mujeres, la diferencia salarial se incrementa, etc.  
Todo ello se vio beneficiado por la escasez de derechos políticos “reales” de las mujeres: la inexistencia del sufragio universal en las democracias más avanzadas, pese a las reivindicaciones de movimientos feministas o ciertas tendencias políticas, llevaron a pensar que esta discriminación volvería al pasado.
Sin embargo, el final de la Primera Guerra Mundial supuso un cambio definitivo: las pérdidas humanas o el regreso de soldados cuya capacidad de trabajo era ya nula permitieron que esta puerta ya no se cerrara. Las mujeres asumieron puestos que muchos hombres no querían, demostrando su capacidad laboral. Además, la lucha por sus derechos sigue creciendo, convirtiéndose en una realidad que la clase política no puede evitar. Poco a poco las principales democracias instauran el sufragio universal, algo que supone un avance fundamental.
Lógicamente esto sólo fue el principio. Un camino que ha seguido (y continúa) en décadas posteriores.